jueves, 17 de julio de 2008

Mandangas fiscales

En mis primeros días capitalinos me he topado con las balanzas fiscales. Esta bonita polémica que ha concitado tanto en el Ministerio de Economía como en el Instituto de Estudios Fiscales más medios que el inminente fichaje de Cristiano Ronaldo. Después de las farragosas explicaciones técnicas y la diatriba que entrañan hay cierto tufo a camelo. A engañifa. A mandanga, que gustaba decir mi abuelo con esa retranca suya tan extremeña.

La elaboración de estas balanzas, en sus numerosas vertientes y con sus múltiples variables, tienen un punto esotérico. Arcanas palabras de Solbes. A fin de cuentas, tratan de calibrar e imputar a cada región los ingresos y los gastos que generan las inversiones del Gobierno. Pero ¿cómo imputar un kilómetro del AVE en Soria, donde no hay parada? ¿Dónde se genera la riqueza? ¿Con el trabajador, con la sede de la empresa, con los accionistas? Todo ello sin contar con que los territorios no pagan impuestos, lo hacen los ciudadanos y las rentas altas de cada zona son las que pagan a las bajas. Así debe ser, salvo que estemos tan embebidos mirando nuestro ombligo que hayamos olvidado incluso esto. Donde hay más rentas altas, pues más se aporta. Parece algo básico, de fácil comprensión, si olvidamos -claro- los últimos 20 años de historia de España.

En la Comunidad Valenciana parecen haberlo olvidado también pues, después de décadas criticando la insolidaridad de Cataluña, en cuanto se han empezado a repartir los garbanzos, el Consell y Camps han clamado con los que les corresponden de más. Actualmente no hay ningún partido político en España que defienda una auténtica vertebración del Estado y un modelo global con las miras puestas en Europa. Y no en el terruño y sus consecuencias electorales.

Y en esas estamos, publicando unas balanzas fiscales que deberían permanecer como en el resto del mundo en el ámbito académico, alejadas de auténticas negociaciones sobre financiación como las que empiezan formalmente el martes. Negociaciones que más tienen que ver con un regateo en el zoco de Marraquech, en el que se pondrán sobre el tapete los congresos de cada partido, el mapa electoral y al final, cuando todo se intenté arreglar con un café para todos a cuenta del Estado, brindarán con chai.

Mientras, en vez de hablar de la galopante crisis que toda la capacidad gubernamental quería ignorar hace dos meses, nos perdemos entre los decimales perdidos de esas arcanas balanzas fiscales. Mandangas, que diría mi abuelo.

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