jueves, 6 de septiembre de 2007

Se me pudre el estilo


Recuerdo, hace mucho tiempo, en uno de esos días de otoño en los que entraba temeroso a mis primeras clases en la facultad de Periodismo, que ya me lo avisaron. Un infame profesor de Publicidad (Juan Macià, a más señas) nos dijo que nos encontrábamos en el peor lugar para todo aquel que tuviera ínfulas literarias. Reí entonces con desdén y me equivoqué. Aquella sala estaba llena de novelistas y poetas equivocados, que están hoy en las redacciones, frustrados. Aunque ahora parezca que quiero parecer ingenioso, no hay nada más lejos de la realidad. Se pudre mi estilo, si es que alguna vez llegué a tener algo que se le pareciera. Las palabras se escurren entre las galeradas y dudo cada vez más de la corrección e idoneidad de cada una de las teclas que presiono. Caigo en fórmulas manidas y preconcebidas de esas de las que abjuraba no hace tanto. Todos los titulares se parecen peligrosamente al de ayer y al de mañana. "Fulano exige a Mengano que...". "El Ministerio de Fulanismo alerta de la inminente...". "La crisis de los zutanos fuerza a menganear...". Y en ese plan. Cuando caigo en la cuenta de estos desvaríos busco palabras ignotas que encajan mal en el texto. Erratas al margen, desperdigo sin ton ni son signos de puntuación y aún me arrogo el derecho de sentar cátedra ante la becariada expectante. Algo no funciona bien cuando la profesión se convierte en el principal deformador (exterminador, me atrevería a decir) del idioma. Juro a la sufrida audiencia que mi intención era la de escribir con algo de donaire. Pero la prensa local no invita más que a una producción en masa, en la que se llenan páginas con mayor o menor acierto. Hay ciertas excepciones, a las que tildaría de resistencia numantina. Ahí tienen a Rafael Burgos, que aún se atreve a hablar de un "sol lechoso de horchata vahída", para hablar de un día nublado. O que ensalza la "paciencia de tabaco de liar" de un funcionario público. Brindo por él y durante la noche de hoy, a modo de penitencia, repetiré mis dos particulares letanías a este respecto. Necesito recuperar la palabra y el verbo exacto, bien en prensa escrita bien en el ciberespacio.

Después de este desorden impuesto, de esta prisa,
de esta urgente gramática
necesaria en que vivo,
vuelva a mí toda virgen la palabra precisa,
virgen el verbo exacto con el justo adjetivo.
Que cuando califique de
verde al monte, al prado,
repitiéndole al cielo su azul como a la mar,
mi corazón se sienta recién inaugurado
y mi lengua el inédito asombro de
crear.
(Rafael Alberti)


¡Intelijencia, dame
el nombre exacto
de las cosas!
... que mi palabra sea
la cosa misma creada
por mi
alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las
cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame el nombre
exacto,
y tuyo, y suyo, y mío, de las cosas!
(Juan Ramón Jiménez)

6 comentarios:

Javier F. Barrera dijo...

Co-Jo-Nu-Do.
Me puedo quedar las letanías?

Peter Parker dijo...

La cotidianidad siempre acaba con la ilusión por las cosas. Pero no es sólo aplicable a la escritura o la creación literaria sino a la vida misma. Sin embargo, con un pequeño esfuerzo se puede sobrellevar. Tú lo heces o sea que no debe ser demasiado difícil!

Antonio dijo...

Tienes propuesta para dejar escapar el verbo en otra forma que no sea noticia.
Al final el trabajo es trabajo, hasta a mi, con mis cositas divertidas de pantalla y colorines me desagrada la repetición y las fechas de entrega. Para eso está el resto (se que para ti, para vuestro gremio, hay poco resto). El cuerpo lo alimenta el trabajo, el alma y las entrañas tenemos que alimentarnos nosotros y nuestras ganas..

clau-claudio dijo...

Estimado Barrera, eso ni se pregunta, aunque no creo que te hagan mucha falta.
Un abrazo.

clau-claudio dijo...

Apreciado araña, cómo se nota que desde que te fuiste a Valencia ya no lees a tus compañeros de los alicantes.

clau-claudio dijo...

Ya, Antonio, pero igual la felicidad reside en poder combinar ambas posibilidades.